El alcalde de Palma sugiere posible prevaricación del Gobierno por la eliminación del monolito de sa Feixina.
PALMA, 27 de marzo. El alcalde de Palma, Jaime Martínez, ha manifestado que la decisión del Gobierno de retirar el monolito de sa Feixina podría ser considerada un acto de prevaricación administrativa. Esta afirmación se realizó en la jornada del viernes, tras el anuncio de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, que catalogó el monumento como un símbolo contrario a la memoria democrática, mientras que el Ayuntamiento de Palma le otorgó la máxima protección patrimonial.
En su intervención ante los medios, Martínez mostró su descontento con la acción del Gobierno y del PSOE, sugiriendo que esta decisión es un error sin un fundamento sólido. "No comprendo cómo pueden actuar de esta manera cuando existe una sentencia judicial que respalda la protección del monumento y una catalogación oficial que la confirma", señaló el primer edil.
Martínez ha enfatizado en repetidas ocasiones el respaldo que la justicia ha brindado al monolito de sa Feixina, argumentando que la reciente modificación del plan general fue una medida necesaria para su catalogación como patrimonio. "Dado que hay una sentencia y una catalogación, la resolución es susceptible de ser impugnada, y así lo haremos", añadió enérgicamente el alcalde.
El alcalde también criticó la actuación del Gobierno, a la que calificó como "una cortina de humo", sugiriendo que su enfoque es perjudicial para los ciudadanos de Palma en lugar de centrarse en mejorar sus condiciones de vida.
Por su parte, el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática ha recalcado que el monolito fue erigido durante la dictadura franquista en 1948, en honor a los casi 800 combatientes que perdieron la vida en el hundimiento del 'Crucero Baleares', un episodio que tuvo lugar en la madrugada del 5 al 6 de marzo de 1938. Este hundimiento fue el resultado de un ataque de la flota republicana durante la Batalla del Cabo de Palos, considerado el combate naval más significativo de la Guerra Civil Española, y se argumenta que simboliza el culto a los caídos promovido por el régimen franquista.